El padre, el hijo y el burro

Los seres humanos tendemos a juzgar, criticar y a estar en casi permanente desacuerdo con los demás: quizás seas una característica de nuestra estructura cerebral y mental, al estar instalados en un yo, difícil de desembarazarse de sí mismo y allegarse a conocer y simpatizar con los otros.

Un padre acompañado de su hijo de corta edad y su burro, tenían que cruzar semanalmente la plaza principal de un pueblo para dirigirse a realizar unos trabajos en una aldea un tanto distante.

Un buen día, el niño iba montado en el burro y el padre caminando cerca del mismo pasaban por la plaza del pueblo, un tanto concurrida de vecinos, – como era habitual -, que miraban con curiosidad la escena que se presentaba ante sus ojos. Una vez rebasada la plaza principal, los vecinos comenzaron a criticar ácidamente: «¿Será posible? ¡el niño, fuerte y robusto sobre el burro, y el pobre padre un tanto mayor y achacoso caminando! ¡Qué poca vergüenza!

Habiendo llegado estos comentarios a oídos de este hombre, la siguiente semana, era él mismo el que iba sobre el burro y el niño caminando, azuzando al animal. Los vecinos del pueblo al ver esto, arremetieron con sus críticas hacia el padre: «¡Qué poca vergüenza! ¡el pobre crio caminando y él tan contento sobre el burro! ¡qué padre más despiadado!

Con el fin de no recibir tantas críticas, a la semana siguiente, pasan delante de los vecinos del pueblo, tanto el padre como el hijo montados en el burro; al ver esto, aquellos que estaban sentados en la plaza muestran abiertamente sus críticas: «¡Cómo es posible que tengan tan poca consideración por el animal!, ¡los dos, sentados tranquilamente y el pobre animal, derrengado, llevándolos sobre su lomo!»

Al pasar el tiempo, y tener una vez más que pasar por el pueblo, y evitar de una vez por todas, todo tipo de crítica, el padre y el hijo van caminando, llevando al burro atado con una cuerda. Al ver esto, los vecinos del pueblo, no pueden dejar de exclamar: «¡Serán estúpidos!, ¿para qué quieren el burro?, los dos caminando y el burro moviéndose a sus anchas; ¡qué poco cerebro tienen!»

Es imposible satisfacer a todos en todo momento. Lo importante es saber tomar decisiones sabias sin estar pendientes del qué dirán.

 

Anónimo

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